domingo, septiembre 23, 2012

Día 10. Patos, gallinas y focas, Pancake rocks, Hoitikia


Por Rober

En el camping en el que dormimos ayer (no había nadie mas que nosotros),  dentro de sus instalaciones tenían una granja con unos cuantos animales metidos en una vallas, a los que podías dar de comer. Había ovejas, gallinas, ciervos, pájaros raros, una especie de avestruces con mala leche y un cangurito supermajo!!
Esta mañana cuando nos hemos levantado una docena de patos estaban en la puerta de la caravana chillando y esperando a que saliéramos :D



Esta claro que querían comida, y te seguían todos andando detrás de ti y rodeándote hacia donde fueras… pero como no teníamos nada que darles, se han quedado con las ganas los pobres.
Después de recoger nos hemos puesto en marcha hacia la costa. Toda la carretera iba entre montañas repletas de árboles y por el lado de un río. El río Buller, que nace cerca de donde estábamos y hemos ido viendo como crecía, al principio era poca cosa, y parece ser que es ideal para la pesca con mosca (Diego, pedazo ríos hay aquí, ibas a flipar!) poco a poco va ensanchando y se realizan descansos en kayak, y ya en la desembocadura era un río enorme, con un gran caudal de agua azul celeste. 



Nuestro destino era ir ver una colonia de focas que viven durante todo el año en unas rocas cerca de la ciudad de Westport. Tras aparcar al lado de una playa que en verano tiene que ser genial, hemos subido por un sendero que te lleva al mirador desde donde se pueden ver. En esta época las crías ya han crecido y es cuando empiezan a salir a pescar solas, pero la mayoría estaban tiradas en las piedras tumbadas al sol. Como el mirador no estaba muy alto se pueden ver fácilmente, hemos visto unas 15. Que monas!



Desde allí, siguiendo por el sendero se llegaba a un faro bastante antiguo y que había leído que era chulo y con buenas vistas. Esta al lado de unos acantilados muy bonitos, y se llega por un sendero muy agradable. Pero lo que es el faro, no es gran cosa, ni siquiera es el que sale en los carteles de información, que era de madera de 1840 (lo digo de memoria). El que hay ahora es bastante soso, pero como hacía un tiempo estupendo ha merecido la pena el camino. Por fin se puede volver a estar en manga corta, jeje
Por toda esta zona, hay un montón de pájaros que se llaman Wekas, son una especie autóctona y son como una gallina parda, pero con la cabeza de una perdiz. Parecen un poco tontos, y se asustan fácilmente, pero están por donde hay gente roneando a ver si les cae algo de comida.



Después de Almorzar hemos cogido la carretera hacia el sur… ¡¡¡y vaya paisajes!!! Hemos ido todo el camino al lado del mar, tramos subiendo por las laderas llenas de curvas, y rectas al lado de la playa con el sol reflejándose en el agua. Hemos parado un par de veces en los miradores, por que el paisaje es increíble, y el que conducía, en este caso yo, se lo pierde. Por este camino pasas por otra de las curiosidades naturales de Nueva Zelanda. Al lado del pueblo de Punakaiki, se encuentran las Pancake Rocks, que son unas formaciones rocosas, que por la erosión del agua y el viento se les han creado surcos horizontales, de modo que parecen torres de tortitas. Cuando la marea esta alta y el mar un poco más agitado, al romper las olas el agua sale disparado hacia arriba entre ellas. Están junto a la carretera, tras un paseíto asfaltado entre la vegetación y con puentes para pasar entre ellas, se convierte en una visita muy curiosa.



Depuse de seguir un rato nuestro camino hacia el sur y ver esconderse el sol en al playa, hemos decidido hacer noche en Hokitika, que nos deja cerca de nuestro destino para mañana… los glaciares!!



Curiosidad: Aquí en nueva Zelanda ya hemos comentado que son muy educados; se nota que tienen una gran conciencia social para cuidar al medio ambiente (hay hasta 6 contenedores de reciclaje distintos, en todas las calles) pero además de eso, son muy limpios. No se dentro de sus casas, pero por la calle, no ves ni un papel tirado en el suelo, ni una lata, ni basura. Ni en los pueblos, ni en las ciudades, ni parques, ni mucho menos en las playas o en el campo. 
Como curiosidad, decir que hoy cuando hemos aparcado para ver las Pancake, había en el suelo tirado un vaso de refresco y una bolsa de papel. De un coche que ha aparcado delante de nosotros se han bajado un matrimonio, lo han recogido del suelo, han cruzado la carretera para tirarlo a la papelera, y después se han ido a ver las rocas… no digo más!


En un rato colgamos lo que hemos hecho hoy, que os adelanto que es una de las cosas más increíbles que hemos hecho en nuestra vida...

viernes, septiembre 21, 2012

Día 9. Cambiamos de isla, Nelson, pequeño pueblo Murchinson



Hoy no hemos hecho gran cosa a parte de conducir hasta nuestro siguiente destino, que es “Fiorland”, el país de los fiordos, como lo llaman aquí, y la zona más espectacular de todo el país, según cuentan.

 
Hemos despertado horriblemente pronto para montarnos en el Ferry que cambia de isla. El trayecto dura unas 3 horas, desde Wellington, hasta Picton. La verdad es que ha sido curioso viajar en un barco tan grande, que va cargado de coches, camiones y motos hasta las trancas. Ha sido muy agradable, y además nos ha proporcionado unas vistas de los fiordos impresionantes… ¡Menudas fotazas hemos sacado!




Después de estas tres horillas en el mar, ya desembarcados, Rober ha tenido la “feliz” idea de tomar un atajo por una carretera de montaña por la que supuestamente nos íbamos a ahorrar un trecho bastante grande. Menudo error. Que horror de carretera, empinada no, empinadísima, estrechísima y con unas curvas que marean. Menos mal que ha terminado más o menos pronto. (Nota de Rober: Aún así os hemos ahorrado tiempo, y las vistas merecían la pena).

Después hemos llegado a Nelson, una ciudad costera muy bonita y con una playa preciosa. Hemos comido en un restaurante maravilloso de comida rápida, pero especializados en ensaladas. Yo me he metido en el cuerpo una ensalada césar y un wrap de pollo que estaban de muerte y Rober una patata asada con queso y pollo también muy rica.


Con las pilas cargadas hemos seguido nuestro camino otro par de horas, pero con el atardecer amenazando hemos decidido parar en el siguiente camping, que ha resultado ser el más bonito de todos los que hemos visitado hasta ahora. Tiene hasta una granja con avestruces y canguros! Una pasada. Además, el pueblo, que se llama Murchinson, es tan increíblemente tranquilo, tan bonito –está en un valle rodeado de montañas nevadas preciosas- y da tan buen rollo que el paseo que hemos dado por la ciudad ha sido super relajante.


Mañana nos espera más carretera. Ahí vamos!

Día 8 Wellington, la Weta Cave y el Museo Nacional



Después de llegar a Wellington, la capital del país, y antes de parar en el camping, hemos cruzado toda la ciudad para llegar a uno de los destinos que más ilusión me hacían de todo el viaje… la “Weta Cave”. Como sabréis (y si no lo sabéis os lo cuento yo) Weta Workshop es una de las mejores empresas de efectos especiales (maquillaje, fx, miniaturas, etc) del mundo, y entre algunas películas en las que trabajan están todas las de Peter Jackson (King Kong, El Señor de los anillos, Braindead, etc…), Distrito 9, El reino de los cielos… En fin, que son unos cracks. En Wellington tienen su taller principal, y viendo que tras el éxito abrumador de la trilogía de Tolkien la gente iba a verles currar, decidieron abrir una especie de “tienda”, o una ventana, como ellos dicen, a ver su forma de hacer las cosas, etc.



La cosa no deja de ser una especie de tienda-museo donde exponen sus miniaturas, sus figuras, sus libros... y creedme, para un fan como yo, es estar en el paraíso. Tienen algunas maquetas increíbles, muchas de las armas originales de las pelis, miniaturas, libros firmados, armaduras, figuras a tamaño real… Además cada hora, en una sala-cine decorada como una cueva medieval, ponen un documental “behind the scenes” que solo se puede ver si vas allí, que trata sobre el proceso de trabajo que siguen en cada peli. Es muy interesante… ¡y además pudimos ver algunas imágenes en exclusiva de El hobbit!


No pude evitar comprar un recuerdo, y es que lo bueno de esa tienda es que puedes comprar réplicas que solo se venden allí, y además son bastante asequibles. Estuve a punto de comprarme un busto de pared del V-REX de king Kong, que “sólo” valía 99 dólares, pero era demasiado grande para llevarlo en la maleta. Me conformé con una réplica del esqueleto super chula –y muy pesada- que solo me salió, al cambio, a 36€. Un precio muy ajustado!


Con la compra bajo el brazo dejamos la caravana en el camping, y pillamos el autobús a Wellington. Ya era hora de hacer un poco de turisteo. La ciudad es bellísima, situada entre un valle verde y frondosoy el mar, y en especial, las vistas desde el monte Victoria, al que se accede por el famoso “cable car”, son espectaculares. Lo más típico es subir en este transporte hasta arriba, disfrutar de las increíbles vistas, y bajar todo el monte andando por una zona que se llama “botanic garden”, donde hay miles de plantas y flores de todo el mundo en un paseo espectacular. Lástima que estaba lloviendo de lo lindo y hacía un viento que echaba para atrás, literalmente. Decidimos volver a bajar tal y como habíamos venido y seguir la ruta resguardados entre los edificios.


Lamentablemente para mi, después de la subida el último día a Mordor, mis oídos estaban taponados, y en especial el derecho, por el que no oía prácticamente nada, lo que me daba la sensación de estar embotado y bajo el agua. Esto trajo escenas especialmente hilarantes al intentar comunicarme con la gente. Normalmente tengo que estar con mis cinco sentidos en una conversación en inglés para enterarme completamente, pero con los oídos así, aun estando al 100% atento, lo único que hacía era pedir que me repitieran todo constantemente, o contestar a “si, somos de España” cuando me preguntaban “que quieres de beber?”. En fin, hoy los tengo mucho mejor, pero todavía estoy como metido dentro de una urna de metacrilato., a ver mañana que tal!

Después de comer acudimos al museo nacional, que es realmente bonito, gratis y hace calorcito. No lo vimos todo, porque estábamos especialmente cansados y con ganas de dormir tras un día muy largo, pero nos dio tiempo a ver una zona dedicada a los cataclismos a lo largo de la historia –muy chula la simulación de un terremoto- y una zona de animales marinos muy espectacular. Lo mejor de todo sin duda, unos amigos que intentaron comerme directamente desde el Jurásico. Menos mal que pudimos huir a tiempo!


Después de llegar al camping, una duchita, una puesta a punto de la caravana (vaciar las aguas sucias, reponer el tanque de agua limpia, cargar las baterías…) y una cena, nos acostamos pronto porque mañana tenemos que tomar un ferry enorme para cambiar de isla.

Nuestras aventuras en la isla norte han acabado. Vamos al sur!

miércoles, septiembre 19, 2012

Día 7: Día de Cascadas, Tongariro Nacional Park, Wanganui

Esta mañana hemos madrugado para seguir nuestra aventura, hoy tocaba ir rumbo al Tongariro Nacional Park. Es el parque nacional, más conocido de la Isla norte. En el se encuentra la montaña más alta de la isla norte, el Ruapehu y “junto” a ella, otras dos, que sin llegar tan arriba son más famosas que ella. El monte Tongariro que da nombre al parque, y es un volcán todavía en activo, y el monte Ngauruhoe; que aunque no os suene le habéis visto en el cine. Pues es el monte del destino, donde Frodo tenía que destruir el anillo. Menos mal que nosotros vamos sobre ruedas; por que es una caminata buena!!

Después de desayunar hemos partido hacia el sur, dejando atrás el lago Taupo, y a los pocos kilómetros hemos hecho una parada para despedirnos. Las carreteras de Nueva Zelanda estaán repletas de miradores, claro está que no paramos en todos, pero seguro que en la gran mayoria merece la pena, detenerse a echar un vistazo, tanto los paisajes, como los rincones de este pais, te dejan con la boca abierta.
En esa foto se ve el lago desde el sur, hasta que alcanza la vista en la zona norte, que es desde donde hicimos la foto de ayer, vaya pedazo de lago, parecía el mar!


En el parque del Tongariro se puede realizar la caminata “Tongariro Apine Crossing”. Es la más famosa del país, y una de las 10 mejores del mundo. Dicen que hacerla es toda una experiencia. Son unas 7 u 8 horas, por los tres montes, bastante cerca de la cima, en donde hay varios lagos, cráteres, y unas vistas magnificas… pero la vamos a dejar para la próxima vez que vengamos :P
Hemos bajado con la caravana por la parte oeste de las montañas y las vistas y el paisaje es impresionante, como casi todo el tiempo que llevamos aquí hemos tenido mucha suerte y aunque hacia fresco hemos tenido muy buen día. Hasta la mayoría de las nueves se han retirado para que pudiéramos hacer fotos de las cumbres. Tras dejar atrás los dos primeros montes, hemos subido por una carretera que lleva hacia una estación de Ski en el monte Ruapehu. Por el camino hemos parado para ver esto:

 

Son las Tawhai falls, a unos 10 minutos andando de la carretera, por un camino muy agradable, muy fácil de llegar y muy bonitas.
Siguiendo hacia la cima de la montaña cuando ya estábamos casi al final hemos decidido parar, por que como no íbamos a ir a esquiar y las vistas desde el mirador en el que estábamos eran mejores que las de más arriba, hemos parado. Nos hemos tirado un par de bolas de nieve, y tras sacar unas fotos hemos seguido nuestro camino.


Nuestro siguiente alto en el camino estaba al otro lado de la montaña; rodeándola por el sur, hemos llegado al pueblo de Ohakune, y de allí, después de preguntar en el centro de información, hemos cogido el rumbo correcto. Tras un rato por una carretera demasiado estrecha para ir cómodamente con nuestro bicho, hemos llegado al inicio del Waitonga Falls Track.  Una caminata de una hora y media (Aunque hemos tardado un rato más, hemos ido tranquilamente, sacando fotos a todo, hemos parado a comer unos sándwiches, nos hemos cruzado con un lepprechaund, y hemos visto un ciervo muerto). Todo eso para llegar a las cascadas Waitonga, las segundas del día. Un paseo no muy largo pero con muchas subidas y bajadas, y escalones de 40cm, todo esto paseando por un bosque. En España normalmente si vas a un encinar, hay encinas, en un pinar pinos, en un olmar, olmos. Aquí todos los árboles están mezclados, diferentes tipos, rodeados, de plantas, y helechos y todo cubierto de musgo. Que queda muy bonito, pero no me acabo de acostumbrar a ver a las ovejas pastando alrededor de una palmera.
A mitad del camino llegas a una cumbre y el bosque se acaba, un terreno más árido en el que vas sobre una pasarela, por que el suelo esta lleno de charquitos y plantas.



Aquí se puede ver la otra cara de la montaña.
Después de bajar por un trozo de bosque se empieza a escuchar el agua y se incrementan las ganas para llegar a verlas. Y una bajada más y allí están!!!

 
Después de echar unas fotos y descansar un poquillo, como Juanjo no me ha dejado intentar cruzar al otro lado para acercarme más, nos hemos vuelto, el tiempo estaba más nublado y aquí el sol pica mucho, pero cuando se esconde hace fresquete.
Tras llegar de nuevo a la caravana, nos hemos puesto en marcha hacia el sur, y como a Wellington no íbamos a llegar, tanto por la hora, como por que es una burrada de km. Hemos hecho noche en una ciudad que se llama Wanganui. Que la verdad, aunque la de información de esta mañana y el hombre del camping me la han vendido muy bien y me han dicho que es muy bonita creo que no la vamos a pisar, más que para pasar la noche. Hemos llegado al camping y hemos ido a la playa, a cinco minutos antes de que anocheciera, pero ni la playa, ni la puesta de sol eran para tanto. Así que a dormir, que a las 6 suena el despertador!

martes, septiembre 18, 2012

Día 6. Te Puia, Wai-o-tomo huevos podridos, Huka Falls y Lago Taupo



Hoy voy a ser un poco más escueto de lo normal, porque estoy (estamos) reventados. Hemos hecho mil cosas y caminado un montón!

Nada más levantaros y apenas a unos minutos en coche del camping hemos ido a visitar el Te Puia, uno de los géiseres más grandes del mundo, donde además tienen montado una réplica de un pueblo maorí, con bailes y muestras culturales de la zona.

El géiser es una pasada, sube hasta casi los 30 metros y suena como una locomotora… ¡digno de verse! Así, entre japoneses confundidos también hemos podido ver por fin a varios Kivis en una especie de habitat que tenían montado. ¡Que bicho más raro! Una bola de plumas redonda con un pico largísimo, muy mono pero muy marciano.



Los bailes y canciones nos han encantado. Por fin hemos visto una Haka (para quien no lo sepa, es una danza que hacen antes de enfrentarse al enemigo para infundir temor, y también lo hacen antes de los partidos de Rugby) en directo, y ha molado tanto como prometía. Aunque solo eran 4 chicos y 4 chicas, daba bastante impresión (y dos de ellos estaban de muy buen ver). Lo más divertido de todos es que han sacado a algunos voluntarios para enseñarles los pasos básicos y… han sacado a Roberto! Me he partido de risa mientras le grababa y le hacía fotos. Total, que ha estado muy bien la experiencia.



Unos 50 kilómetros después nos tocaba la zona de Wai-o-tapu, famosa zona termal con un montón de piscinas llenas de elementos químicos naturales, cráteres y diversas cosas con olor a huevo podrido. Ay, amigas, que olor! Había varias caminatas disponibles, sencilla, media, y difícil. Nosotros hemos escogido la última y la verdad es que al terminarlo llevábamos la lengua fuera. 




Pero ha sido muy curioso, el agua burbujeante con miles de colores, una piscina redonda muy marciana a más de 100 grados que emite un vapor que se ve a muchos cientos de metros… Pero chicos, es que huele fatal, xD. Con todo, muy curioso.



Después de eso teníamos pensado bajar lo más posible a la zona del Monte Tongariro (uno de los volcanes activos más altos y famosos de Nueva Zelanda, que además entró en actividad hace unas semanas, congelando el tráfico aéreo del país un par de días), que es lo que vamos a hacer mañana, pero de camino hemos visto un par de cosas que merece la pena reseñar.

Primero de todo una de las cosas más increíbles que hemos visto en nuestra vida, las Haku Falls, unas cascadas enormes, que hacen un ruido ensordecedor, tienen una fuerza que solo se puede notar estando cerca de ellas, y lo más curioso es que tienen un color azul turquesa transparente que embelesa la vista. ¡Una verdadera pasada! Menudas fotacas hemos hecho (la que cuelgo está hecha desde lejos, pero también bajamos al pie de las cataratas).



Siguiendo con el coche, teníamos que recorrer una carretera que bordea el Lago de Taupo. Este lago es tan grande como Singapur, para que os hagáis una idea. Además, Nueva Zelanda y Singapur tienen la misma población. Imaginad toda la población de este país viviendo solo en ese espacio. Increíble, verdad? El caso es que ha sido la carretera más increíble por donde he conducido en mi vida. Que vistas, que extensión, que pasada! Al fondo además, se podía ver cada vez más cerca el Monte Tongariro. Hemos tenido que parar varias veces para hacer fotos de lo increíble que era lo que teníamos ante nuestros ojos. Las fotos no hacen justicia, pero por favor, aumentadlas, merecen la pena.



Ahora, ya estamos en el camping a los pies del Monte, dispuestos a madrugar para hacer un trakking completito y poner marcha a Wellington, que en principio, es nuestro último lugar a visitar en la Isla Norte.

Día 5. Waitomo Caves, Hobbiton



Como no podíamos salir hasta un poco más tarde por el tema de la ropa (Rober la dejó en la secadora y cuando fue a por ella habían cerrado la puerta) aprovechamos para dormir una horilla más, que la verdad es que nos hacía falta. Mi resfriado parece que ya está pasando definitivamente, y el de Rober no ha llegado a aparecer, así que por ese lado, todo bien.

Después de recoger y preparar las cosas, marchamos hacía nuestro siguiente destino, las Waitomo Caves, unas cuevas muy famosas de la isla norte de piedra caliza, con kilómetros y kilómetros de serpenteantes grutas a cada cual más espectacular. Se puede hacer rafting por los ríos subterranos, descenso de barrancos, visitas a cuevas especialmente bellas… y la que más nos llamó la atención, un paseo en barca por un río subterráneo para ver unas cuevas llenas de una especie de luciérnagas que están en el techo. La verdad, no sabíamos si iba a ser un poco timo o no, porque era bastante caro, no te dejan hacer fotos y las que había en la página web parecían super retocadas.

Nada más lejos de la realidad. Es una de las experiencias más increíbles que hemos vivido nunca. No tengo palabras para describir la belleza del sitio y los encantos del paseo en barca, alucinante. La cosa consistía en una visita por una cueva muy grande con un guía que te iba explicando la formación de la misma y el ciclo de vida de los glowworms (que así se llaman los bichos en cuestión). La cosa es que el señor que nos lo explicaba, era lo más freak que hemos visto. Con su gorrito y su panza cervecera, no paraba de hacer chistes y poner banda sonora mientras caminábamos por las grutas totalmente en silencio. El hombre era la polla! Y mira que con ese acentazo Neozelandés costaba entenderle algunas cosas… No se pueden hacer fotos, así que os dejo las de su web, que se asemeja totalmente a la realidad.



El caso es que la parte chula de la visita es cuando descendemos (bastante) hasta un río subterráneo y nos montamos en una barca, que el mismo señor va moviendo con unos cables que tienen para tal efecto. Hay que decir que no se oye nada, pero nada nada en la cueva, solo algunas gotitas cayendo del techo hasta el agua, y además te piden que estés en silencio, con lo que el efecto es bien chulo. Cuando avanzamos un poco, empiezan a aparecer los gusanos con luz. Cientos no, miles, millones, en grutas cada vez más grandes. Da la sensación de estar viendo el cielo estrellado, con luces verdosas, como leds informáticos. Es alucinante. Eso, unido al silencio y a la belleza del espectáculo, hacía que se nos pusieran los pelos de punta de la emoción. INCREÍBLE.

Después de esta visita que nos dejó tan buen sabor de boca, tocaba hacer unos cuántos kilómetros más hasta llegar hasta nuestro siguiente destino. Uno que tanto a Rober como a mi, nos hacía más ilusión. Mariposillas sentíamos en el estómago sabiendo que nos acercábamos a HOBBITON, en la Comarca, al escenario natural donde han rodado El señor de los anillos y recientemente El hobbit. Hay que decir que el camino hasta la granja es espectacular, con unas montañas verdes y unos valles kilométricos, llenos de vacas, ovejas, llamas, avestruces y diversas especies de granja a ambos lados de la carretera. Un gustazo conducir así!

Ya allí pagamos la entrada –bastante cara, 130 dólares los dos- que previamente había reservado por teléfono-, un poco temerosos de que nuestra visita fuera a estar pasada por agua porque estaba cayendo la del pulpo. Afortunadamente la fortuna nos sonríe una vez más, y cuando pillamos el autobús para llegar hasta las localizaciones se va la lluvia y aparece un sol fulminante que nos alegra la visita. (merece la pena que ampliéis las fotos)



Otra vez, tenemos una guía muy simpática (afortunadamente a esta mujer se la entiende perfectamente), que nos va explicando que escenas se rodaron en que sitios, que problemas tuvieron durante el rodaje, como encontraron las localizaciones… en fin, nada que no supiéramos porque somos muy frikis del tema.

Pero chicos, tengo que deciros que la sensación de estar en la comarca es total. Han construido todo Hobbitón realmente, no es un escenario de cartón piedra, es de verdad, y con la misma estructura que se ve en las pelis. El puente por el que Gandalf entra, el Dragón Verde (que estaba en obras porque lo están convirtiendo en un bar de verdad!!!), la casa de Sam y Rosie, la explanada de la fiesta con el enorme arbol, la colina de bolsón cerrado, la casa de Bilbo y Frodo. Todo, todo, todo está donde tiene que estar., Además, tuvimos la INMENSA suerte de cómo habían terminado de rodar hace poco, nos hemos encontrado todo tal y como estará en la peli, las puertas pintadas, las macetas llenas de flores, los huertos con hortalizas plantadas… sólo faltaban los hobbits para que la sensación fuera brutal. Incluso grabamos una tontería para un mini-corto que vamos a hacer… ¡va a ser la caña! Y las fotos que hemos hecho… uffff, solo cuelgo una porque se tarda mil aquí en subirlas, pero cuando estemos en casa las subiré todas al Facebook. INCREÍBLES!!!



En fin, con una sonrisa en la cara y con uno de los mejores días que hemos pasado, decidimos conducir los 150 kilómetros que nos separan de nuestro siguiente destino para no tener que madrugar tanto. Lo encontramos sin problemas, es Rotorua, una ciudad pequeña famosa por sus piscinas termales, su templo maorí y su zona más famosa, Wai-o-tapu, que son unos paseos entre piscinas volcánicas de miles de colores –por los sulfuros y demás porquerías-, que dicen que huele a podrido pero que es super bonito, y además tiene unos géiseres impresionantes. Os mantendremos informados.

Eso si, que sepáis que antes de irnos a dormir, nos han dicho en recepción que ellos aquí en el Camping tienen también unas piscinas termales calientes. Ni cortos ni perezosos lo primero que hemos hecho ha sido ir corriendo a ellas, aunque hacía un frío bastante curioso. Las piscinas han resultado ser una verdadera gozada. La sensación de estar pasando frío, y meterte en una piscina caliente caliente es… uffff, todavía me dan escalofríos al pensar en el placer que sentimos. Y no solo eso, la piscina era para nosotros solos, al aire libre y además con unas vistas del cielo alucinantes (nunca había visto un cielo tan claro y con tantas estrellas!!!). En fin, no pudo acabar mejor el día.





P.D. Una ración de cosas curiosas que estamos descubriendo en Nueva Zelanda.

1-     La gente es increíblemente amable. Todos te sonríen, te dan los buenos días, se despiden con un “have a good day”, te ayudan si te pierdes, etc. Por ejemplo, para volver del centro de Auckland hasta nuestro camping tuvimos que preguntar a un autobusero, con el bus lleno de gente. El tío miró nuestro mapa, lo estudió, nos dijo donde teníamos que ir y donde bajar tomándose su tiempo. Nadie nos miró mal (al contrario, nos sonreían!) y llegamos perfectamente. Intenta preguntar lo mismo a uno de la Blasa, a ver que te dice!!! (y esto va por Ana, que hasta la cierran la puerta en la cara en Principe Pío). Otros ejemplos: una camarera vino corriendo casi medio kilómetro a buscarnos porque se nos había olvidado la bolsa de la cámara en la silla, la gente cuando te ve con la caravana te preguntan de donde eres (todos flipan con que seamos españoles!), donde vas, y siempre te dicen que lo que vas a ver te va a encantar. Una gozada.

2-     Los supermercados tienen comida muy, muy rara. Casi todo preparado, y de marcas rarísimas, y las cosas con sabores muy extremos. La coca cola es muy dulce, la fanta naranja es… demasiado naranja, el tomate frito parece que tiene azúcar a porrón… Eso sí, hemos hecho cuatro descubrimientos comestibles que tienen que llegar a España YA. Las pringles sabor vinagre, los doritos salsa, los kit-kat rellenos de leche y unas galletas de chocolate y menta que están para morirse.

Tenemos más cosas curiosas, ya las iremos poniendo. Sed buenos!!!

lunes, septiembre 17, 2012

Día 4 Auckland!!!



En principio hoy no pensábamos pasar todo el día en Auckland, pero entre unas cosas y otras al final hemos hecho noche aquí, cosa que también nos viene bien, por que entre el pequeño catarro y el cansancio, no hay que forzar la maquina. Aunque al final de descanso poco, que hemos andado más que ningún día!
El catarro ya va dejando descansar a Juanjo, aunque ahora me va a tocar a mi, esperemos que sea poco cosa.
Por la mañana a primera hora ya estábamos en la puerta de las oficinas de alquiler de caravanas para que nos arreglaran la pequeña avería. Han tardado bastante, pero hemos aprovechado para mirar un poco Internet y que Juanjo entrara un poco en calor.
Cuando hemos salido de allí nos dirigíamos al camping que hay en la ciudad para luego pasar el día turisteando. Pero estaba bien escondido el jodío! Menudas vueltas hemos dado por un montón de calles todas iguales, cuesta arriba, cuesta abajo.
Ya alojados hemos cogido el bus que llega hasta el centro de la ciudad, La Sky Tower. Una torre enorme en la que si pagas se puede hacer de todo. Hay casinos, restaurantes, se puede hacer puenting, andar por el borde del anillo de la parte superior. Y también subir a ver las vistas (Hay tres niveles, cuanto más pagues más arriba llegas) Nosotros la hemos visto desde abajo, y hemos comprado algún recuerdo, pero no hemos subido. Es bastante caro, y además depuse de subir al de Dubai…

Después de comer algo nos hemos acercado al puerto, que esta cerquita, pero no es nada del otro mundo. Nuestra siguiente parada era el Monte Eden, una montañita creada por un volcán extinto, desde donde se ven unas vistas de toda la ciudad. Es una ciudad enorme en extensión. Mucho más grande de lo que me imaginaba!


Para llegar al monte hemos caminado más de la cuenta para encontrar una parada de autobús, que te acerca allí. Encima Juanjo se encontraba peor y el autobús hacía paradas, prácticamente en cada cruce. Al llegar a la parada hemos andado un buen rato más, por que ni sabíamos por donde se subía al monte, ni sabíamos como había que subir. Se puede subir por varías rutas más largas o más cortas. Y también en coche. Por la más corta se tarda en llegar a la cima unos 15 o 20 minutos. Y una vez arriba la verdad es que nos ha compensado todo el trayecto. Una vista de la ciudad de 360º y encima el agujero del cráter del volcán (cubierto de hierba) en  la cima. Las vistas son impresionantes en cualquier dirección, pero entre el cansancio, la gripe, y que el viento venía congelado, depuse de una vueltecita más por el centro de la ciudad, hemos regresado para el camping. La vuelta ha sido mucho más fácil :D
Al llegar al camping, después de afeitarme, las duchas, la cena y el cigarrito, he metido la ropa que estaba lavándose en la secadora; y cuando he vuelto a por ella ya estaba cerrado. Así que mañana hay que madrugar menos (a las 7) por que no nos podemos ir hasta recuperar la ropa!

sábado, septiembre 15, 2012

Isla Norte. Días 2 y 3



Día 2, Isla Norte. Paihia, Bay of Islands y Haruru Falls

Bueno, hoy nos hemos levantado en el camping a pie de playa justo al amanecer. Casi sin quitarnos las legañas hemos bajado de la autocaravana y hemos bajado a la playa –si se puede decir bajar, estábamos prácticamente aparcados en la arena- a disfrutar del espectáculo. No hay palabras para describir la belleza de ese momento. Nuestro primer día en Nueva Zelanda y ya estamos alucinando con el paisaje. Después de hacer las pertinentes fotos hemos desayunado y hemos puesto camino a Paihia, donde el plan era coger un crucero y bañarnos con los delfines.



Antes de continuar tengo que hacer un inciso: conducir por el lado izquierdo, hacer las rotondas al revés, llevar un vehículo automático y el jet lag de la muerte hacen un combinado terrible. A medio camino ha tenido que ponerse Rober a conducir –tiene suerte de que el cambio de horario no le ha afectado tanto como a mi- porque yo me quedaba sopa.

Después de un par de horas en carretera, con unas vistas espectaculares, por fin hemos llegado al pueblo de Paihia. Hemos ido a preguntar al i-site –información de actividades- y hemos comprado unos billetes del crucero que ya os he comentado antes. Casi inmediatamente después nos hemos subido al crucero con unos cuantos turistas –pocos- como nosotros. Os lo resumo antes de daros más detalles: ha sido ESPECTACULAR, pero no han aparecido los delfines.
 
La cosa ha durado unas tres horas, y ese es el tiempo en el que el barco ha navegado por las conocidas como “Bay of Islands”, que como sois muy listos, es exactamente eso, una bahía enorme llena de islas (144 exactamente) frondosas a cada cual más espectacular. Hemos pasado por una villa que se llama Russel, con unas casas en las montañas que serían la envidia de cualquiera, con un mar brillante y un clima fresco (casi hacía frío) y muy soleado. En ese barco hemos vivido el mejor momento del viaje hasta ahora. La nave va bastante rápido, y aunque en la proa estaba prohibido subir, hemos hecho acto de nuestro desparpajo español y nos hemos puesto en plan Leonardo DiCaprio en Titanic mientras íbamos a toda pastilla. La sensación es alucinante, uno de esos momentos en los que eres consciente de que eres feliz, además agarrado a la cintura de el amor de tu vida (perdón por la moñada, es que me ha salido así). Además, una bandada de pájaros se ha puesto a volar a nuestro alrededor a la misma velocidad, y parecía que flotaban con nosotros. Ha sido increíble, no se puede explicar con palabras. Eso sí, hemos sido el detonante de la insubordinación porque todos los demás nos han imitado y han subido al mismo sitio.



Después de eso el plato fuerte es una islote eorme con un gra agujero en medio llamado “Hole in the rock” (muy original). Normalmente el movimiento del mar y la resaca no permiten que los barcos entren, pero nuestra capitana, intrépida ella –y supongo que por no haber visto delfines todavía- ha enhebrado la nave por dentro y nos ha dejado un momento imborrable… ¡que impresión! Hemos grabado un vídeo y todo. Después de la impresionante vista del islote hemos puesto rumbo a nuestro destino. Aunque todavía teníamos la esperanza de ver a nuestros amigos delfines y bañarnos con ellos –que en eso consistía la cosa, vamos- no han aparecido, así que nos hemos quedado con un sabor agridulce. Aún así, ha sido un viaje increíble –aunque a la vuelta me quedaba dormido incluso de pie, el maldito Jet Lag de mierda-. Nos han dado un ticket para usarlo otro día en cualquier otra excursión… pero me temo que por aquí no volvemos ya en el viaje… así que… Pero en fin, pensamos que aún con todo ha merecido la pena. En la isla sur hay otra zona de avistamiento de ballenas y delfines, así que es probable que lo volvamos a intentar.

Aquí en Nueva Zelanda en esta época del año se hace de noche a las 18.30 de la tarde, y cuando hemos terminado eran las cinco, así que teníamos poco tiempo para hacer otra cosa antes de aparcar por hoy. Afortunadamente a pocos kilómetros en la guía aparece que hay unas cataratas bastante chulas con un trekking corto de 5 kilómetros. Se llama Haruru Falls. Hemos llegado rapidísimo y nos hemos puesto a andar. Ya el cielo se estaba empezando a poner celeste y tras un ratillo hemos visto una señal que ponía “Ya llevas 1 kilómetro, estás a 4 de las cascadas”. Lejísimos, y se nos hace de noche. Así que con el bajón de no poder verlas nos hemos dado la vuelta y hemos decidido buscar un camping.

Peeeero, la suerte nos han sonreído por partida doble. Conduciendo un poco hemos visto un cartel que ponía “Haruru Falls, 200m”. Ni cortos ni perezosos hemos ido y aparcado… ¡justo enfrente de las cascadas! Resulta que se podía acceder a ellas haciendo trekking, o por el otro lado de la montaña, en plan dominguero y aparcar al lado. Total, que las hemos pillado con luz de puro milagro y hemos hecho unas cuantas fotos. Espectaculares, muy bonitas, y muy ruidosas (no en vano, Harurur Falls significa en Maorí “big noise”, es decir, “gran ruido”). En la guía pone que la leyenda local dice que hay un monstruo viviendo en las aguas del lago donde van a parar las cascadas, pero a parte de dos Japoneses en un barco a pie de la cascada, no hemos visto nada destacable.



Decía lo de la suerte por partida doble porque camino al camping hemos visto de casualidad un recodo donde pueden acampar las caravanas con punto de luz por solo 9 dólares por persona. Baratísimo! Y aquí estamos, escribiendo esto en el portátil yo (Juanjo) y Rober haciendo unos filetillos para cenar.

La Autocaravana es una pasada, es enorme, con cocina, horno, frigorífico, ducha, baño… No en vano la hemos pillado de cuatro personas para tener más espacio, y sobretodo para tener la cama hecha siempre y no tener que andar haciendo y deshaciendo la parte de las mesas todos los días, que es un rollo. La cama está encima de la cabina del conductor y es bastante grande y espaciosa. Estamos muy contentos con ella, a ver que tal se porta el resto del viaje!

Mañana nos despertaremos muy prontito, que tenemos que conducir bastante y hay muchas cosas que ver. Hasta la siguiente!!!


Dïa 3. Waiaraki Pools, Waipoua Forest, Rawene pueblo pescador, accidentillo y vuelta a Auckland

Hemos despertado pronto –extremadamente pronto- para aprovechar las horas de sol. Lo primero que hemos hecho es poner rumbo hacia unas termas naturales llamadas Waikarai Pools de agua caliente que en la guía tenían muy buena pinta.

El caso es que al llegar, el panorama no resultaba nada esperanzador. Para comenzar, nos ha atendido el padre de Jimbo de los Simpson, un gañán sucio, gordo –aunque Rober dice que estaba buenorro, no se yo…- y con un bebé al lado lleno de mocos. Total, un show. Ya que habíamos ido hasta allí pagamos los 4 dólares que valía cada uno y fuimos hacia las termnas.

Digno de ver, parecía una película de terror de los 80, todo destartalado, viejo, sucio y deprimente. Ay! Los vestuarios, dignos de la Matanza de Texas… Y las termas, poco más o menos. Si no fuera porque habíamos ido y pagado, me daba la vuelta, pero que coño, un día es un día. Decidimos meternos y que sea lo que dios quiera. Además de el olor a azufre –que como sabréis, huele así como a huevos podridos-, el agua está de templada a ardiendo –arder de que te quemas como un pollo asado, vaya-. Debo decir, que al final ha resultado ser bastante agradable. Nos hemos apañado en una de las calientes y pese a creer que la piel se nos caía a tiras, hemos pillado la posición y hemos estado un rato en remojo la mar de agradable, teniendo en cuenta que fuera hacía un frío casi invernal. Curioso y finalmente divertido. Eso sí, el olor a rancio todavía no se nos ha quitado de las manos, dos duchas después.



Después de eso hemos enfilado hacia el bosque… donde la idea era hacer una caminata no muy larga para ver estos árboles de 3000 años. Pero antes, me temo que hemos tenido nuestro primer –y espero último- accidentillo con la caravana. Al intentar meternos en una gasolinera bastante estrechita, nos hemos dado cuenta de que el grifo para surtirlo estaba al otro lado. Al intentar dar la vuelta, he calculado mal y he rozado un poco el lateral, con tan mala suerte de que ha tocado la tubería donde va a parar el agua usada del grifo y la ducha. Gracias al cielo la gasolinera tenía justo en el lugar del accidente una alcantarilla donde ha ido a parar todo el agua…

Con el mal cuerpo y el susto hemos llamado a los de las caravanas y nos han dicho que no nos preocupemos, que esa tarde, que pensábamos de hecho volver a Auckland para seguir visitando la parte sur de esta isla, nos pasáramos por las oficinas para que nos cambiaran el tubo –debe ser algo bastante común, me ha dado a entender-. Un pequeño susto y disgusto que afortunadamente casi no ha trastocado nuestros planes.



En fin, con la caravana “herida levemente” y camino a los bosques milenarios, hemos visto que a la derecha, a pocos kilómetros, había un pueblo llamado Rawene que en la guía ponía que merece la pena. Pues ni cortos ni perezosos hemos ido para allá, y corroboro el manuscrito. Un pueblo pequeño, muy pequeño, pero encantador. Menudas vistas tienen los cabrones! Además, nos hemos metido en una cafetería con medio edificio que penetra en el mar a tomarnos un café, y ha sido, sorprendentemente, uno de los cafés más ricos que hemos probado en nuestra vida, además de que el sitio era muy bonito y acogedor, las camareras muy simpáticas y las vistas una pasada.



Con el estómago caliente seguimos nuestro camino. Apenas una hora después entramos en el bosque Waipoua que ya de entrada parece ser de otro mundo. Entre helechos gigantes y selva cerrada, aparcamos y seguimos las indicaciones para hacer una caminata no demasiado complicada y muy llana. Apenas dos horas nos ha llevado la ida y la vuelta, y ha sido sencillamente ALUCINANTE. Como podéis ver en la foto (que no le hace justicia, tener en cuenta que el árbol está bastante lejos de donde estoy yo), su fama no es infundada, los árboles más grandes e impresionantes que he visto en toda mi vida… Además que el paseo para llegar a ellos es muy bonito, en un bosque espesísimo casi de película.



Cansados y con una lluvia torrencial, partimos regreso a Auckland con idea de pasarnos a dejar la caravana a que la arreglen, pero el mal tiempo (menudo viento!) hace que vayamos muy despacio y, junto con el cansancio y ese Jet Lag que no acaba de irse del todo, decidimos parar 50 kilómetros antes de lo previsto y acampar en el camping en el que pernoctamos el primer día. Hoy nos acostaremos pronto, la idea es reparar nuestra casa rodante a primera hora y visitar la ciudad de Auckland hasta después de comer, y después intentar hacer los kilómetros que podamos hacia el sur para estar más cerca al día siguiente de nuestro próximo objetivo. Hasta la siguiente entrada!

jueves, septiembre 13, 2012

Primer día. Dubai y llegada a Nueva Zelanda

Bueno, pues ya estamos en marcha. Antes de nuestro destino final -sin muertes de por medio-, visitamos un día Dubai, en los Emiratos Árabes, ya que el billete lo permitía sin cargo.


Si nos preguntáis como podemos resumir esta pequeña visita, pero que dio mucho, mucho juego, os decimos lo siguiente:

Calor del averno y frío antártico.

Es una ciudad de extremos, en cualquier interior, ya sea el metro, un centro comercial, un hotel o cualquier edificio, hace una temperatura tan, tan baja, que dan ganas de ponerse el abrigo. Pero ay!, amigos, la sorpresa, el sorpresón, viene cuando sales a la calle. Nunca hemos tenido una sensación tan angustiosa. Un calor terrible, tanto que no es posible describirlo, un ambiente árido y reseco que hace que cada bocanada de aire suponga un verdadero esfuerzo, un viento ardiente que te quema hasta las pestañas. 47 grados del ala marcaba un termómetro en plena calle.







HORRIBLE. No hemos sudado tanto en toda nuestra vida.

Como decía, la visita solo fue de 25 horas pero nos dió para mucho. Nada más llegar a primera hora, directamente desde el aeropuerto dejamos las maletas en el hotel y no volvimos a el hasta la noche. Pudimos dar un paseo por el centro comercial más grande del mundo y subirnos al edificio también más grande del mundo. Estos árabes, deben tenerla pequeña, lo quieren todo lo más opulento, exclusivo y caro. O al menos eso parece visitando esta cuidad.

Todo da la sensación de ser falso, de cartón piedra, y es una ciudad de unas dimensiones tan absurdamente grandes que no tiene sentido. Unas calles gigantes, unas carreteras enormes, unas distancias infranqueables. Hay pequeños brotes de rascacielos infinitos juntos, pero luego hay muchísimos descampados desolados. Nada tiene sentido. Eso si, pese a la opulencia, el centro comercial es tan hortera, tan excesivo y tan exagerado que es divertidisimo perderse por sus miles de tiendas...





Después de dar un paseo y comer, decidimos subirnos a lo alto del Burj Khalifa, que como os acabo de contar, es el edificio más alto del planeta. Como dos seres de provincias, imaginamos que la entrada al edificio estaría a pie de calle, como en todos lados. ERROR. Si es el más alto del mundo, a lo ancho debe estar cerca. IMagináos a dos gordos barbudos con un Jet Lag de la muerte, más de 24 horas despiertos y tras 8 horas de avión en clase turista, a 47 grados, cada uno con una mochila de 8 kilos -literal-. Pues la muerte. Una de los peores ratos en muchos años, ese calor, ese viento del averno, ese desierto que se te mete en los pulmones... Total, que vamos a intentar borrarlo de nuestra mente.

Al final pudimos acceder al dichoso edificio y subir a lo alto, y sinceramente, es una MARAVILLA. Menudas vistas... ahí lo veis en las fotos.


EN definitiva, Dubai es una ciudad fea, mal hecha, incómoda, con gente desagradable -ni una persona con las que tratamos ha sido educada o cortés por lo general-, pero merece la pena visitarla por lo diferente y opulenta que es. Impresiona.

Después de esto y una noche en el hotel -este si, maravilloso, barato, cómodo y muy bonito-, volvimos al aeropuerto para enfrentarnos a 16 horas más de vuelo con escala en Australia. Ha sido bastante duro, pero la verdad es que Emirates, que es la compañía con la que viajamos, te trata bastante bien -incluso con champán para celebrar que es nuestra luna de miel!. Además por increíble que parezca, tienes una pantalla para ti solo con millones de pelis, series, juegos... pero es que las pelis son de la talla de Prometheus, Brave o The Chernobyl Diaries... es decir, estrenos estrenos -y muchos incluso con audio en castellano-

Ya estamos en Nueva Zelanda, ya estamos en nuestra autocaravana, y ya estamos en nuestra primera noche de "acampada". Mañana tenemos nuestra primera aventura en estas tierras, vamos a Waipoua a ver unos árboles gigantes milenarios en el bosque de Sauri y a ver si podemos nadar con delfines si acompaña el día. La cosa promete...

¡Seguiremos informando!

domingo, septiembre 09, 2012

Reviviendo el blog. Boda y luna de miel

Ayer dimos un paso muy importante en nuestras vidas, que es casarnos. Lo celebramos con la familia, los amigos y las personas que realmente queremos. Fue una ceremonia emocionantísima, donde lloró hasta el camarero del fondo -yo tuve que morderme la lengua bien fuerte para poder aguantarme- y un día que no olvidaremos nunca. Uno siente cosas que no sabía que podía sentir, y ver que toda tu familia y amigos están en el mismo sitio celebrando uno de los mejores días de tu vida, no tiene precio.



El caso es que todo salió a pedir de boca y nos lo pasamos muy bien.

El motivo de este post es revivir el blog, porque como algunos ya saben, nos vamos mañana mismo de luna de miel al sitio más lejano en el planeta al que se puede viajar estando en españa. NUEVA ZELANDA.

Aquí iremos publicando nuestras aventuras y desventuras en el país de los kiwis para que os hagáis una idea de lo que vamos haciendo y nuestras familias y amigos puedan morirse de envidia.

Primero haremos una parada de un día en Dubai, donde la idea es subirnos al edificio más alto del mundo, el Burj Khalifa, dar una vuelta por el centro comercial más grande y lujoso del planeta para comprar algún recuerdillo y respirar el ambiente de los emiratos durante unas horas.

La próxima vez que nos leáis, es probable que estemos a casi 20000 km de distancia, que se dice pronto.

Hasta la próxima!!