Por Juanjo
La verdad es que hoy ha sido un día con pocas cosas que contar, nos hemos pasado casi todas las horas de luz conduciendo rumbo a los fiordos, que están así como... a tomar por culo.
Eso si, antes de ponernos en camino teníamos que visitar un pueblo pintoresco que viene en la guía, y que solo estaba a unos pocos kilómetros de desvío de nuestro destino. Se trata de Arrowtown, un pueblo minero que tiene como característica que ha conservado su idiosincrasia arquitectónica, al menos en sus dos calles principales. Vamos, un pueblo del oeste entre montañas.
Estaba chulo, pero ha sido bastante decepcionante. Lo que le fallaba, y en eso estamos deacuerdo tanto Rober como yo, es que eran calles donde aparcan los coches, lo que rompe todo el efecto que los edificios podían tener... Pero bueno, hemos hecho de tripas corazón y, guiándonos por un cartel en el que ponía "En Wendy´s hemos ganado 5 años consecutivos el premio al mejor rollito de queso de Nueva Zelanda", o algo así. Yo quiero ser juez en un certamen de rollitos de queso!!
El caso es que no podíamos decir que no a semejante publicidad y hemos entrado dentro a probarlos. Wendy tenía todo el derecho del mundo a ese premio... ¡¡¡BUENÍSIMOS!!!
Con el estómago lleno nos esperaban unas cuantas horas de carretera, así que armados de valor nos hemos puesto a ello. Sé que me vais a llamar pesado porque siempre digo lo mismo, pero es que esta vez tengo que decirlo de nuevo... Las carreteras más espectaculares por las que hemos conducido nunca. Hemos visto de todo, un valle gigante -Pelennor en el señor de los anillos, hemos rodado un poquito de nuestro cutre-corto allí- con montañas nevadas al fondo, una subida a una montaña alpina elevadísima donde todo todo todo chorreaba agua, una zona de alto riesgo de avalancha que parecía de ciencia ficción. La os enseñaremos los vídeos, quitan el aliento.
Todos los rincones tenían cosas increíbles a los que hacer fotos, y hemos tenido que parar unas cuantas veces a inmortalizar lo que nuestros ojos veían, aunque no en todos los sitios te dejan parar, por el riesgo a aludes. Decir que es alucinante es quedarse corto.
Tras pasar un tunel estrechísimo, oscuro como la boca de un lobo y cuesta abajo, llegamos a nuestro destino, el fiordo más famoso del mundo, el Milford Sound. Pero ya estaba anocheciendo así que hemos ido al único camping que hay en la zona y hemos dormido aquí. En cuanto amanezca vamos a verlo, y a hacer un crucero de 3 horas que teníamos contratado desde el principio, para ver las que dicen, son las estampas más impresionantes del país. Me cuestra creerlo después de las maravillas que hemos visto, mañana os contaré!!
Curiosidades: En la zona sur de la isla sur, existen unos amigables insectitos llamados "Sandflies". En esencia, y en resumen, puedo deciros que son unas AUTÉNTICAS HIJAS DE PUTA ÁVIDAS DE SANGRE, que, si no vas preparado, te pueden estropear el día. Son una especie de mosquitos muy, muy pequeños, que en cuanto huelen carne humana van a por ti en un número de ejemplares enorme. Una nube de putos mosquitos que te pican por todos lados, y no se van ni aunque corras como un gamo... ¡que puto horror! Afortunadamente, vamos precavidos y con el correspondiente bote de repelente. Básicamente tienes que bañarte en él, y así parece que te dejan un poco en paz (solo un poco).
miércoles, septiembre 26, 2012
martes, septiembre 25, 2012
Día 12. Puzzle World, Queenstown y Jet boat!!!
Por Rober
Hoy al levantarnos como no había ni tiempo ni ganas de
realizar ninguna de las caminatas que hay alrededor de Wanaka, hemos ido a
hacer algo diferente. A las afueras de la cuidad se encuentra Puzzle World. Un
lugar dedicado a las ilusiones ópticas, trucos, juegos, puzzles y un laberinto!
Tiene varias salas y se puede ver de todo, dibujos con engaños
visuales, hologramas, una gran pared con caras esculpidas que parece que te
miran según te vas moviendo, una habitación en la que creces o encoges…
Lo más divertido es una casa inclinada, que te deja loco!!
Una silla se desplaza hacia arriba, el agua sube, las escaleras están torcidas.
Da mucha impresión, e incluso marea un poco.
También hay un laberinto enorme en el que te puedes tirar un
par de horas para llegar a cuatro torres que hay en cada esquina y luego
encontrar la salida.
Cuando yo había conseguido llegar solo a dos y Juanjo a tres
hemos decidido dejarlo, por que tampoco nos íbamos a pasar allí toda la mañana…
Pero lo habríamos conseguido!!!
Después hemos conducido hasta Queenstown, una de las
ciudades más importantes de la isla sur, y la ciudad de los deportes de riesgo.
Aquí se puede hacer de todo lo que acabe en –ing; puenting, raffting,
parapente, ski, quads, lanchas, Jet boat. Vamos todo lo que se te ocurra… aquí
hay alguna empresa que te lo organiza.
Como ya veníamos con la idea de lo que queríamos hacer hemos
ido corriendo a apuntarnos y nos hemos ido a comer.
El almuerzo en un restaurante decorado como en los años 50
americanos, con una camarera bigotuda muy simpática y Juanjo ha comido “uno de
los mejores sándwich que ha probado” de carne de cerdo con salsa de manzana y
col. La verdad es que estaba tremendo!!
Con el buche lleno nos ha recogido el autobús y nos ha llevado
a la orilla del río. Nos hemos montado en jetboat!
Es impresionante… sin palabras, la velocidad que alcanza la
balsa, los giros, el agua helada y a continuación el viento en la cara. El conductor acercándose
todo lo que podía a las escarpadas orillas del río, casi parece que te vas a
chocar y de repente un giro que te hace saltar del asiento. Como se desliza la
lancha por los tramos de río en los que solo cubre un palmo y como pasa a toda
velocidad junto a las rocas, para girar en el momento en el parece que te vas a
dar contra ellas!! Una pasada!
Tras volver a la ciudad hemos subido a la “góndola” que es
un funicular que te sube por una montaña que está casi vertical, para ver las
vistas de la ciudad y del lago (Si, por que esta ciudad, también tiene su lago,
y no uno cualquiera, el Wakatipu, mide 80km, lo que le hace el más largo de
Nueva Zelanda y el tercero más grande del país.).
Las vistas desde el mirador son alucinantes, a la izquierda
vez como aparece el lago tras las montañas, bajo tus pies la ciudad de
Queenstown y hacia la derecha ves como la gran masa de agua se pierde entre dos
cordilleras. Realmente es una experiencia. Las mejores vistas de una ciudad que
hemos observado aquí en Nueva Zelanda. La ciudad parece una maqueta y los
montes cambian de color con el paso de las nubes que se reflejan en el gran
lago azul.
Como el resto de la ciudad allí arriba también has cosas que
hacer; Hay un restaurante, una plataforma para hacer puenting, y subiendo por
otro telesilla hasta la cumbre, te puedes deslizar con un trineo con ruedas,
por una pista llena de curvas. Nosotros lo hemos probado y ha sido muy
divertido, emocionados con la velocidad de la lancha de un rato antes, yo me he
chocado contra una pared por no frenar y Juanjo casi se cae del trineo en la
llegada!
Tras bajar otra vez a la ciudad con la góndola, hemos podido
dar un paseillo por la zona central, es un sitio precioso, tres calles llenas
de gente, tiendas y restaurantes y justo al lado el puerto y una pequeña playa
al lado de un jardín botánico.
La verdad es que es una ciudad que me ha encantado, muy
animada y bonita, mucha gente joven y rodeada por un paisaje increíble.
Así que después de tantas aventuras, es hora de ir a dormir!
Día 12. De lagos y cascadas
Por Rober.
Tras levantarnos un poco más tarde de lo normal (Que ya son
muchos días y alguno hay que descansar un poco más) hemos seguido con nuestra
ruta. Como ayer ya vimos los glaciares desde lo alto, no hemos ido a verlos
desde el suelo y hemos seguido nuestro camino hacia el sur. La idea era avanzar
todo lo que pudiéramos sin entretenernos mucho para ir ganando terreno. Al
final hemos llegado hasta Wanaka, a 285km de donde nos hemos levantado, pero
por el camino hemos visto unas cuantas cosillas (Y lo de cosillas es un decir,
por que la mayoría eran enormes!!)
La primera parada ha sido cerca del lago Matheson. Es
conocido por que esta situado en un lugar privilegiado; al estar rodeado de
montañas y de árboles, casi no le da el viento. Y eso sumado a que sus aguas
tienen un color marrón oscuro; cuando el viento esta en calma, el Mount Cook,
que se encuentra situado enfrente se refleja invertido en el lago. Para dar la
vuelta al lago hay que andar por un camino entre la vegetación, e ir parando en
los diferentes miradores para ver las vistas. El recorrido completo dura una
hora y media más o menos, pero entre las fotos y los bancos para sentarse a ver
las vistas es inevitable tardar un buen rato más. La verdad es que es un sitio
precioso y ver el monte reflejado en el lago rodeado de árboles y escuchando
cientos de pajarillos a tu alrededor es una experiencia mágica.
En marcha otra vez, recorremos la costa por una carretera al
lado del mar subiendo y bajando laderas, con curvas, acantilados, playas, etc.
Hemos estirado las piernas en una curiosa playa, Bruce Bay. Esta llena de
troncos y ramas arrastradas por la marea hasta las piedras de la orilla,
paramos por casualidad y vimos que montones de estas piedras estaban firmadas
por la gente que había parado allí dejando su mensaje. Y claro, nosotros no
vamos a ser menos :D
Siguiendo por la carretera llegamos a la desembocadura del río
Haast. En mi vida había visto un río con el agua más azul que este, te lo
cuentan y no te lo crees. En los tramos en los que tiene más profundidad se
puede ver perfectamente el fondo a través del agua color celeste.
El río desemboca en el mar a través de un desfiladero
inmenso. Conducir por allí te hace sentir minúsculo, Enormes paredes de roca a
cada lado en un valle muy amplio en donde el río se divide en miles de
riachuelos hasta llegar al mar. Este desfiladero mide unos cuantos kilómetros
hasta que en un desvío te metes en el valle y sigues el curso del río. El
caudal es alimentado por montones de arroyos y cascadas que bajan desde las
montañas. Solo paramos en dos, y eran muy bonitas, pero al menos hay otras dos
grandes que se encuentran de camino por esa carretera. Lo bueno es que se llega
a ellas muy fácilmente (la más lejana esta a 25 minutos).
La primera que vimos fue Fantail Falls, que cae desde lo alto por una pared vertical hasta llegar al río. Y la segunda que visitamos fue Thunder Creek Falls. En esta un chico ingles que estaba con sus amigos se atrevió a cruzar el río descalzo y por su cara no tubo que ser buena idea, por que el agua esta congelada!!
Un poco más adelante en el camino están las llamadas blue
pools. Donde el río se concentra en un recodo más ancho y se crea una balsa
completamente azul. La pena es que cuando pasábamos por allí empezó a llover
más fuerte y no paramos a verlas.
Después de parar a comer, seguimos y nos encontramos con uno
de los lagos más grandes de la isla sur. El lago Wanaka. De origen glaciar
tiene forma alargada y mide unos 42km de largo, el lago llega hasta donde alcanza
la vista, y mucho más, por que se pierde por un montón de brazos que se meten
entre las montañas. Cerca de este, está el lago Hawea, casi tan grande como
este y también con unas vistas impresionantes.
La carretera nos lleva por la orilla de los dos lagos hasta
la ciudad de Wanaka. Un lugar muy bonito, rodeado de montañas nevadas y con el
lago en frente, y un parque con unos paseos impresionantes.
Fotos del lago Hawea, el "pequeño"
Tras encontrar el camping, instalarnos y cenar, es hora de
irse a la cama que mañana nos espera Queenstown. La ciudad de los deportes de
riesgo!!
domingo, septiembre 23, 2012
Día 11. Los glaciares. Franz Joseph & Fox y Mount Cook
Por Juanjo.
Hoy, y haciendo un resumen antes de explicarlo con más
detalle, puedo decir que Rober y yo hemos hecho una de las cosas más
alucinantes de toda nuestra vida. Hemos volado en helicóptero, visto dos de los
glaciares más impresionantes del mundo y aterrizado encima de uno de ellos, y
sobrevolado el Mount Cook, el pico más alto de toda Nueva Zelanda.
Después de un par de horas de conducción desde nuestro
último destino, y sin habernos encontrado con nadie en la carretera –lo repito,
dos horas SOLOS en la carretera-, hemos llegado hacia uno de los puntos
culminantes de nuestro viaje y de los que más ilusión nos hacía: los glaciares.
Un glaciar, para los que todavía no lo sepan (yo no me he
enterado bien hasta saber que iba a visitar uno) es un gran pedazo de hielo que
se forma sobre la tierra y que se mueve lentamente montaña abajo a una
velocidad media de 1,5
metros al día. Los glaciares se alimentan de la
acumulación de nieve en los valles a grandes alturas donde se condensa formando
un hielo azulado. Esta lengua de hielo se va deslizando hacia abajo provocando
profundas fisuras y recogiendo a su paso tierra que va puliendo las laderas de
las montañas formando valles en U. Los glaciares Franz Josef, de 11 km de largo, y Fox, de 13 kilómetros de
largo (los que hemos visitado) son únicos al descender desde regiones de nieves
perpetuas hasta zonas pobladas por bosque tropical cercanas a la costa
(información sacada de nuestra guía de viaje).
El caso es que la idea era buscar una compañía que nos subiera
en helicóptero para sobrevolarlos por lo alto y flipar con las vistas. Lo que
no sabíamos es que era tan, tan, tan alucinante. Después de visitar tres o
cuatro de estas empresas, vimos que todas parecían haber puesto los mismos
precios y las mismas rutas, pero hablando con una de las vendedoras nos contó
que se habían caído dos personas en ese momento, y que si lo hacíamos 20
minutos después (lo normal era esperar un par de horillas hasta el siguiente
vuelo) nos hacía un descuendo de 20 dólares a cada uno. Encima era un vuelo de
los largos, 30 minutos, con parada en uno de los glaciares y además sobrevolar
el Monte Cook, que es el más alto de todo el país. Así que hemos dicho que si
instantáneamente.
Hemos tardado cinco minutos en ir a la caravana, pertrecharnos
–abrigos, varias capas de ropa, las botas impermeables de andar, guantes-… para
luego nada, porque hacía un tiempo maravilloso y hasta bueno para ir incluso
con manga corta.
No sabría como describiros las sensaciones que hemos tenido
al montar en el helicóptero, la emoción que se te sube en el estómago al
despegar, y sobretodo, las increíbles e indescriptibles imágenes que hemos
captado al sobrevolar a gran altura esa maravilla de glaciares, con un color
azul resplandeciente que parece hecho por ordenador. ¿Recordáis haber visto
alguna peli donde un avión sobrevuela montañas nevadas en primera persona y
alucinas? Pues lo mismo, pero esta vez de verdad. Sobrevolar estas cordilleras,
mirar los valles enormes y casi infinitos nevados, las praderas a lo lejos, los
ríos enormes que a esas alturas parecen hilos de seda, no tiene nombre. Las
fotos y vídeos que hemos hecho son alucinantes, pero no hacen justicia a la
sensación de estar allí.
El glaciar fox, hasta su final
Y no solo es eso, es que además… ¡¡¡Hemos aterrizado en lo más
alto del glaciar Franz Josef!!! La nieve pura y virgen que se te hunde hasta
las rodillas nos ha dado la bienvenida y hemos podido respirar el aire más puro
de nuestras vidas… la nieve olía a virgen, el aire era mucho más ligero que de
costumbre, y la sensación de estar ahí perdido en medio de la montaña no tiene
parangón. De nuevo, nos hemos hecho unas fotazas y disfrutado del paisaje
durante un ratillo –la pareja que ha venido con nosotros, unos Australianos,
eran la mar de majos y estaban igual de flipados que nosotros-.
El inicio del glaciar en lo más alto de la montaña
Luego ha venido lo mejor, que ha sido volar alrededor del
Mount Cook, como os he contado antes… No éramos conscientes de lo alto que
estábamos hasta que, ya en descenso hacia nuestro destino, el piloto nos ha
hecho mirar la que por lo visto es la pista de nieve más alta del país… y la
casa parecía tan, tan, tan pequeña que hasta que no la hemos visto no hemos
hecho cálculos de la
altura. Lo que más ha molado ha sido el descenso sin duda,
porque ha metido gas, hemos ido rapidísimo, bastante a ras de suelo y haciendo
unos giros que casi nos quedábamos de lado. El piloto hasta nos ha preguntado
si estábamos bien por la velocidad y esos giros tan espectaculares… ¡Ha sido
una pasada!.
En fin, que como podréis imaginar dadas mis palabras (también
como si fueran de Roberto) estamos flipados con la experiencia y, aunque un
pelín cara (500 y pico dólares por los dos) ha sido sin duda dinero bien
invertido. Si venís aquí, IMPRESCINDIBLE.
El Mount Cook, le hemos pasado cerquita!
Después de esto no nos quedaban energías para nada, así que
hemos vuelto al camping –el más bonito de los que hemos visitado hasta ahora-,
nos hemos metido en la piscina caliente –como la del otro día.-, hemos dado un
paseo por la ciudad, cenado una hamburguesaza (gigantesca!) en un restaurante
muy chulo y a la casa-rodante a descansar. Ha sido un día maravilloso.
Día 10. Patos, gallinas y focas, Pancake rocks, Hoitikia
Por Rober
En el camping en el que dormimos ayer (no había nadie mas
que nosotros), dentro de sus
instalaciones tenían una granja con unos cuantos animales metidos en una vallas,
a los que podías dar de comer. Había ovejas, gallinas, ciervos, pájaros raros,
una especie de avestruces con mala leche y un cangurito supermajo!!
Esta mañana cuando nos hemos levantado una docena de patos
estaban en la puerta de la caravana chillando y esperando a que saliéramos :D
Esta claro que querían comida, y te seguían todos andando
detrás de ti y rodeándote hacia donde fueras… pero como no teníamos nada que
darles, se han quedado con las ganas los pobres.
Después de recoger nos hemos puesto en marcha hacia la costa. Toda la
carretera iba entre montañas repletas de árboles y por el lado de un río. El río
Buller, que nace cerca de donde estábamos y hemos ido viendo como crecía, al
principio era poca cosa, y parece ser que es ideal para la pesca con mosca
(Diego, pedazo ríos hay aquí, ibas a flipar!) poco a poco va ensanchando y se
realizan descansos en kayak, y ya en la desembocadura era un río enorme, con un
gran caudal de agua azul celeste.
Nuestro destino era ir ver una colonia de focas que viven
durante todo el año en unas rocas cerca de la ciudad de Westport. Tras aparcar
al lado de una playa que en verano tiene que ser genial, hemos subido por un
sendero que te lleva al mirador desde donde se pueden ver. En esta época las crías
ya han crecido y es cuando empiezan a salir a pescar solas, pero la mayoría
estaban tiradas en las piedras tumbadas al sol. Como el mirador no estaba muy
alto se pueden ver fácilmente, hemos visto unas 15. Que monas!
Desde allí, siguiendo por el sendero se llegaba a un faro
bastante antiguo y que había leído que era chulo y con buenas vistas. Esta al
lado de unos acantilados muy bonitos, y se llega por un sendero muy agradable.
Pero lo que es el faro, no es gran cosa, ni siquiera es el que sale en los
carteles de información, que era de madera de 1840 (lo digo de memoria). El que
hay ahora es bastante soso, pero como hacía un tiempo estupendo ha merecido la
pena el camino. Por fin se puede volver a estar en manga corta, jeje
Por toda esta zona, hay un montón de pájaros que se llaman Wekas, son una especie autóctona y son como una gallina parda, pero con la
cabeza de una perdiz. Parecen un poco tontos, y se asustan fácilmente,
pero están por donde hay gente roneando a ver si les cae algo de comida.
Después de Almorzar hemos cogido la carretera hacia el sur… ¡¡¡y
vaya paisajes!!! Hemos ido todo el camino al lado del mar, tramos subiendo por
las laderas llenas de curvas, y rectas al lado de la playa con el sol reflejándose
en el agua. Hemos parado un par de veces en los miradores, por que el paisaje
es increíble, y el que conducía, en este caso yo, se lo pierde. Por este camino
pasas por otra de las curiosidades naturales de Nueva Zelanda. Al lado del
pueblo de Punakaiki, se encuentran las Pancake Rocks, que son unas formaciones
rocosas, que por la erosión del agua y el viento se les han creado surcos
horizontales, de modo que parecen torres de tortitas. Cuando la marea esta alta
y el mar un poco más agitado, al romper las olas el agua sale disparado hacia
arriba entre ellas. Están junto a la carretera, tras un paseíto asfaltado entre
la vegetación y con puentes para pasar entre ellas, se convierte en una visita
muy curiosa.
Depuse de seguir un rato nuestro camino hacia el sur y ver
esconderse el sol en al playa, hemos decidido hacer noche en Hokitika, que nos
deja cerca de nuestro destino para mañana… los glaciares!!
Curiosidad: Aquí en nueva Zelanda ya hemos comentado que son
muy educados; se nota que tienen una gran conciencia social para cuidar al
medio ambiente (hay hasta 6 contenedores de reciclaje distintos, en todas las
calles) pero además de eso, son muy limpios. No se dentro de sus casas, pero
por la calle, no ves ni un papel tirado en el suelo, ni una lata, ni basura. Ni
en los pueblos, ni en las ciudades, ni parques, ni mucho menos en las playas o
en el campo.
Como curiosidad, decir que hoy cuando hemos aparcado para
ver las Pancake, había en el suelo tirado un vaso de refresco y una bolsa de
papel. De un coche que ha aparcado delante de nosotros se han bajado un
matrimonio, lo han recogido del suelo, han cruzado la carretera para tirarlo a
la papelera, y después se han ido a ver las rocas… no digo más!
En un rato colgamos lo que hemos hecho hoy, que os adelanto que es una de las cosas más increíbles que hemos hecho en nuestra vida...
viernes, septiembre 21, 2012
Día 9. Cambiamos de isla, Nelson, pequeño pueblo Murchinson
Hoy no hemos hecho gran cosa a parte de conducir hasta
nuestro siguiente destino, que es “Fiorland”, el país de los fiordos, como lo
llaman aquí, y la zona más espectacular de todo el país, según cuentan.
Hemos despertado horriblemente pronto para montarnos en el
Ferry que cambia de isla. El trayecto dura unas 3 horas, desde Wellington,
hasta Picton. La verdad es que ha sido curioso viajar en un barco tan grande,
que va cargado de coches, camiones y motos hasta las trancas. Ha sido muy
agradable, y además nos ha proporcionado unas vistas de los fiordos
impresionantes… ¡Menudas fotazas hemos sacado!
Después de estas tres horillas en el mar, ya desembarcados,
Rober ha tenido la “feliz” idea de tomar un atajo por una carretera de montaña
por la que supuestamente nos íbamos a ahorrar un trecho bastante grande. Menudo
error. Que horror de carretera, empinada no, empinadísima, estrechísima y con
unas curvas que marean. Menos mal que ha terminado más o menos pronto. (Nota de
Rober: Aún así os hemos ahorrado tiempo, y las vistas merecían la pena).
Después hemos llegado a Nelson, una ciudad costera muy
bonita y con una playa preciosa. Hemos comido en un restaurante maravilloso de
comida rápida, pero especializados en ensaladas. Yo me he metido en el cuerpo
una ensalada césar y un wrap de pollo que estaban de muerte y Rober una patata
asada con queso y pollo también muy rica.
Con las pilas cargadas hemos seguido nuestro camino otro par
de horas, pero con el atardecer amenazando hemos decidido parar en el siguiente
camping, que ha resultado ser el más bonito de todos los que hemos visitado
hasta ahora. Tiene hasta una granja con avestruces y canguros! Una pasada.
Además, el pueblo, que se llama Murchinson, es tan increíblemente tranquilo,
tan bonito –está en un valle rodeado de montañas nevadas preciosas- y da tan
buen rollo que el paseo que hemos dado por la ciudad ha sido super relajante.
Mañana nos espera más carretera. Ahí vamos!
Día 8 Wellington, la Weta Cave y el Museo Nacional
Después de llegar a Wellington, la capital del país, y antes
de parar en el camping, hemos cruzado toda la ciudad para llegar a uno de los
destinos que más ilusión me hacían de todo el viaje… la
“Weta Cave”. Como sabréis (y si no lo
sabéis os lo cuento yo) Weta Workshop es una de las mejores empresas de efectos
especiales (maquillaje, fx, miniaturas, etc) del mundo, y entre algunas
películas en las que trabajan están todas las de Peter Jackson (King Kong, El
Señor de los anillos, Braindead, etc…), Distrito 9, El reino de los cielos… En
fin, que son unos cracks. En Wellington tienen su taller principal, y viendo
que tras el éxito abrumador de la trilogía de Tolkien la gente iba a verles
currar, decidieron abrir una especie de “tienda”, o una ventana, como ellos
dicen, a ver su forma de hacer las cosas, etc.
La cosa no deja de ser una especie de tienda-museo donde
exponen sus miniaturas, sus figuras, sus libros... y creedme, para un fan como
yo, es estar en el paraíso. Tienen algunas maquetas increíbles, muchas de las
armas originales de las pelis, miniaturas, libros firmados, armaduras, figuras
a tamaño real… Además cada hora, en una sala-cine decorada como una cueva
medieval, ponen un documental “behind the scenes” que solo se puede ver si vas
allí, que trata sobre el proceso de trabajo que siguen en cada peli. Es muy
interesante… ¡y además pudimos ver algunas imágenes en exclusiva de El hobbit!
No pude evitar comprar un recuerdo, y es que lo bueno de esa
tienda es que puedes comprar réplicas que solo se venden allí, y además son
bastante asequibles. Estuve a punto de comprarme un busto de pared del V-REX de
king Kong, que “sólo” valía 99 dólares, pero era demasiado grande para llevarlo
en la maleta. Me
conformé con una réplica del esqueleto super chula –y muy pesada- que solo me
salió, al cambio, a 36€. Un precio muy ajustado!
Con la compra bajo el brazo dejamos la caravana en el
camping, y pillamos el autobús a Wellington. Ya era hora de hacer un poco de
turisteo. La ciudad es bellísima, situada entre un valle verde y frondosoy el mar,
y en especial, las vistas desde el monte Victoria, al que se accede por el
famoso “cable car”, son espectaculares. Lo más típico es subir en este
transporte hasta arriba, disfrutar de las increíbles vistas, y bajar todo el
monte andando por una zona que se llama “botanic garden”, donde hay miles de
plantas y flores de todo el mundo en un paseo espectacular. Lástima que estaba
lloviendo de lo lindo y hacía un viento que echaba para atrás, literalmente.
Decidimos volver a bajar tal y como habíamos venido y seguir la ruta
resguardados entre los edificios.
Lamentablemente para mi, después de la subida el último día
a Mordor, mis oídos estaban taponados, y en especial el derecho, por el que no
oía prácticamente nada, lo que me daba la sensación de estar embotado y bajo el
agua. Esto trajo escenas especialmente hilarantes al intentar comunicarme con la gente. Normalmente
tengo que estar con mis cinco sentidos en una conversación en inglés para
enterarme completamente, pero con los oídos así, aun estando al 100% atento, lo
único que hacía era pedir que me repitieran todo constantemente, o contestar a
“si, somos de España” cuando me preguntaban “que quieres de beber?”. En fin,
hoy los tengo mucho mejor, pero todavía estoy como metido dentro de una urna de
metacrilato., a ver mañana que tal!
Después de comer acudimos al museo nacional, que es
realmente bonito, gratis y hace calorcito. No lo vimos todo, porque estábamos
especialmente cansados y con ganas de dormir tras un día muy largo, pero nos
dio tiempo a ver una zona dedicada a los cataclismos a lo largo de la historia
–muy chula la simulación de un terremoto- y una zona de animales marinos muy
espectacular. Lo mejor de todo sin duda, unos amigos que intentaron comerme
directamente desde el Jurásico. Menos mal que pudimos huir a tiempo!
Después de llegar al camping, una duchita, una puesta a
punto de la caravana (vaciar las aguas sucias, reponer el tanque de agua
limpia, cargar las baterías…) y una cena, nos acostamos pronto porque mañana
tenemos que tomar un ferry enorme para cambiar de isla.
Nuestras aventuras en la isla norte han acabado. Vamos al
sur!
miércoles, septiembre 19, 2012
Día 7: Día de Cascadas, Tongariro Nacional Park, Wanganui
Esta mañana hemos madrugado para seguir nuestra aventura,
hoy tocaba ir rumbo al Tongariro Nacional Park. Es el parque nacional, más
conocido de la Isla norte. En el se encuentra la montaña más alta de la isla
norte, el Ruapehu y “junto” a ella, otras dos, que sin llegar tan arriba son
más famosas que ella. El monte Tongariro que da nombre al parque, y es un volcán
todavía en activo, y el monte Ngauruhoe; que aunque no os suene le habéis visto
en el cine. Pues es el monte del destino, donde Frodo tenía que destruir el
anillo. Menos mal que nosotros vamos sobre ruedas; por que es una caminata
buena!!
Después de desayunar hemos partido hacia el sur, dejando
atrás el lago Taupo, y a los pocos kilómetros hemos hecho una parada para
despedirnos. Las carreteras de Nueva Zelanda estaán repletas de miradores,
claro está que no paramos en todos, pero seguro que en la gran mayoria merece
la pena, detenerse a echar un vistazo, tanto los paisajes, como los rincones de
este pais, te dejan con la boca abierta.
En esa foto se ve el lago desde el sur, hasta que alcanza la
vista en la zona norte, que es desde donde hicimos la foto de ayer, vaya pedazo
de lago, parecía el mar!
En el parque del Tongariro se puede realizar la caminata “Tongariro Apine Crossing”. Es la más famosa del país, y una de las 10 mejores del mundo. Dicen que hacerla es toda una experiencia. Son unas 7 u 8 horas, por los tres montes, bastante cerca de la cima, en donde hay varios lagos, cráteres, y unas vistas magnificas… pero la vamos a dejar para la próxima vez que vengamos :P
Hemos bajado con la caravana por la parte oeste de las
montañas y las vistas y el paisaje es impresionante, como casi todo el tiempo
que llevamos aquí hemos tenido mucha suerte y aunque hacia fresco hemos tenido
muy buen día. Hasta la mayoría de las nueves se han retirado para que pudiéramos
hacer fotos de las cumbres. Tras dejar atrás los dos primeros montes, hemos
subido por una carretera que lleva hacia una estación de Ski en el monte
Ruapehu. Por el camino hemos parado para ver esto:
Son las Tawhai falls, a unos 10 minutos andando de la
carretera, por un camino muy agradable, muy fácil de llegar y muy bonitas.
Siguiendo hacia la cima de la montaña cuando ya estábamos
casi al final hemos decidido parar, por que como no íbamos a ir a esquiar y las
vistas desde el mirador en el que estábamos eran mejores que las de más arriba,
hemos parado. Nos hemos tirado un par de bolas de nieve, y tras sacar unas
fotos hemos seguido nuestro camino.
Nuestro siguiente alto en el camino estaba al otro lado de
la montaña; rodeándola por el sur, hemos llegado al pueblo de Ohakune, y de
allí, después de preguntar en el centro de información, hemos cogido el rumbo
correcto. Tras un rato por una carretera demasiado estrecha para ir cómodamente
con nuestro bicho, hemos llegado al inicio del Waitonga Falls Track. Una caminata de una hora y media (Aunque
hemos tardado un rato más, hemos ido tranquilamente, sacando fotos a todo, hemos
parado a comer unos sándwiches, nos hemos cruzado con un lepprechaund, y hemos
visto un ciervo muerto). Todo eso para llegar a las cascadas Waitonga, las
segundas del día. Un paseo no muy largo pero con muchas subidas y bajadas, y
escalones de 40cm, todo esto paseando por un bosque. En España normalmente si
vas a un encinar, hay encinas, en un pinar pinos, en un olmar, olmos. Aquí
todos los árboles están mezclados, diferentes tipos, rodeados, de plantas, y
helechos y todo cubierto de musgo. Que queda muy bonito, pero no me acabo de
acostumbrar a ver a las ovejas pastando alrededor de una palmera.
A mitad del camino llegas a una cumbre y el bosque se acaba,
un terreno más árido en el que vas sobre una pasarela, por que el suelo esta
lleno de charquitos y plantas.
Aquí se puede ver la otra cara de la montaña.
Después de bajar por un trozo de bosque se empieza a
escuchar el agua y se incrementan las ganas para llegar a verlas. Y una bajada
más y allí están!!!
Después de echar unas fotos y descansar un poquillo, como
Juanjo no me ha dejado intentar cruzar al otro lado para acercarme más, nos
hemos vuelto, el tiempo estaba más nublado y aquí el sol pica mucho, pero
cuando se esconde hace fresquete.
Tras llegar de nuevo a la caravana, nos hemos puesto en
marcha hacia el sur, y como a Wellington no íbamos a llegar, tanto por la hora,
como por que es una burrada de km. Hemos hecho noche en una ciudad que se llama
Wanganui. Que la verdad, aunque la de información de esta mañana y el hombre
del camping me la han vendido muy bien y me han dicho que es muy bonita creo
que no la vamos a pisar, más que para pasar la noche. Hemos llegado
al camping y hemos ido a la playa, a cinco minutos antes de que anocheciera,
pero ni la playa, ni la puesta de sol eran para tanto. Así que a dormir, que a
las 6 suena el despertador!
martes, septiembre 18, 2012
Día 6. Te Puia, Wai-o-tomo huevos podridos, Huka Falls y Lago Taupo
Hoy voy a ser un poco más escueto de lo normal, porque estoy
(estamos) reventados. Hemos hecho mil cosas y caminado un montón!
Nada más levantaros y apenas a unos minutos en coche del
camping hemos ido a visitar el Te Puia, uno de los géiseres más grandes del
mundo, donde además tienen montado una réplica de un pueblo maorí, con bailes y
muestras culturales de la zona.
El géiser es una pasada, sube hasta casi los 30 metros y suena como
una locomotora… ¡digno de verse! Así, entre japoneses confundidos también hemos
podido ver por fin a varios Kivis en una especie de habitat que tenían montado.
¡Que bicho más raro! Una bola de plumas redonda con un pico largísimo, muy mono
pero muy marciano.
Los bailes y canciones nos han encantado. Por fin hemos
visto una Haka (para quien no lo sepa, es una danza que hacen antes de
enfrentarse al enemigo para infundir temor, y también lo hacen antes de los
partidos de Rugby) en directo, y ha molado tanto como prometía. Aunque solo
eran 4 chicos y 4 chicas, daba bastante impresión (y dos de ellos estaban de
muy buen ver). Lo más divertido de todos es que han sacado a algunos
voluntarios para enseñarles los pasos básicos y… han sacado a Roberto! Me he
partido de risa mientras le grababa y le hacía fotos. Total, que ha estado muy
bien la experiencia.
Unos 50
kilómetros después nos tocaba la zona de Wai-o-tapu,
famosa zona termal con un montón de piscinas llenas de elementos químicos
naturales, cráteres y diversas cosas con olor a huevo podrido. Ay, amigas, que
olor! Había varias caminatas disponibles, sencilla, media, y difícil. Nosotros
hemos escogido la última y la verdad es que al terminarlo llevábamos la lengua
fuera.
Pero ha sido muy curioso, el agua burbujeante con miles de colores, una
piscina redonda muy marciana a más de 100 grados que emite un vapor que se ve a
muchos cientos de metros… Pero chicos, es que huele fatal, xD. Con todo, muy
curioso.
Después de eso teníamos pensado bajar lo más posible a la
zona del Monte Tongariro (uno de los volcanes activos más altos y famosos de
Nueva Zelanda, que además entró en actividad hace unas semanas, congelando el
tráfico aéreo del país un par de días), que es lo que vamos a hacer mañana,
pero de camino hemos visto un par de cosas que merece la pena reseñar.
Primero de todo una de las cosas más increíbles que hemos
visto en nuestra vida, las Haku Falls, unas cascadas enormes, que hacen un
ruido ensordecedor, tienen una fuerza que solo se puede notar estando cerca de
ellas, y lo más curioso es que tienen un color azul turquesa transparente que
embelesa la vista. ¡Una verdadera pasada! Menudas fotacas hemos hecho (la que cuelgo está hecha desde lejos, pero también bajamos al pie de las cataratas).
Siguiendo con el coche, teníamos que recorrer una carretera
que bordea el Lago de Taupo. Este lago es tan grande como Singapur, para que os
hagáis una idea. Además, Nueva Zelanda y Singapur tienen la misma población.
Imaginad toda la población de este país viviendo solo en ese espacio. Increíble,
verdad? El caso es que ha sido la carretera más increíble por donde he
conducido en mi vida. Que vistas, que extensión, que pasada! Al fondo además,
se podía ver cada vez más cerca el Monte Tongariro. Hemos tenido que parar
varias veces para hacer fotos de lo increíble que era lo que teníamos ante
nuestros ojos. Las fotos no hacen justicia, pero por favor, aumentadlas,
merecen la pena.
Ahora, ya estamos en el camping a los pies del Monte, dispuestos
a madrugar para hacer un trakking completito y poner marcha a Wellington, que
en principio, es nuestro último lugar a visitar en la Isla Norte.
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