sábado, septiembre 15, 2012

Isla Norte. Días 2 y 3



Día 2, Isla Norte. Paihia, Bay of Islands y Haruru Falls

Bueno, hoy nos hemos levantado en el camping a pie de playa justo al amanecer. Casi sin quitarnos las legañas hemos bajado de la autocaravana y hemos bajado a la playa –si se puede decir bajar, estábamos prácticamente aparcados en la arena- a disfrutar del espectáculo. No hay palabras para describir la belleza de ese momento. Nuestro primer día en Nueva Zelanda y ya estamos alucinando con el paisaje. Después de hacer las pertinentes fotos hemos desayunado y hemos puesto camino a Paihia, donde el plan era coger un crucero y bañarnos con los delfines.



Antes de continuar tengo que hacer un inciso: conducir por el lado izquierdo, hacer las rotondas al revés, llevar un vehículo automático y el jet lag de la muerte hacen un combinado terrible. A medio camino ha tenido que ponerse Rober a conducir –tiene suerte de que el cambio de horario no le ha afectado tanto como a mi- porque yo me quedaba sopa.

Después de un par de horas en carretera, con unas vistas espectaculares, por fin hemos llegado al pueblo de Paihia. Hemos ido a preguntar al i-site –información de actividades- y hemos comprado unos billetes del crucero que ya os he comentado antes. Casi inmediatamente después nos hemos subido al crucero con unos cuantos turistas –pocos- como nosotros. Os lo resumo antes de daros más detalles: ha sido ESPECTACULAR, pero no han aparecido los delfines.
 
La cosa ha durado unas tres horas, y ese es el tiempo en el que el barco ha navegado por las conocidas como “Bay of Islands”, que como sois muy listos, es exactamente eso, una bahía enorme llena de islas (144 exactamente) frondosas a cada cual más espectacular. Hemos pasado por una villa que se llama Russel, con unas casas en las montañas que serían la envidia de cualquiera, con un mar brillante y un clima fresco (casi hacía frío) y muy soleado. En ese barco hemos vivido el mejor momento del viaje hasta ahora. La nave va bastante rápido, y aunque en la proa estaba prohibido subir, hemos hecho acto de nuestro desparpajo español y nos hemos puesto en plan Leonardo DiCaprio en Titanic mientras íbamos a toda pastilla. La sensación es alucinante, uno de esos momentos en los que eres consciente de que eres feliz, además agarrado a la cintura de el amor de tu vida (perdón por la moñada, es que me ha salido así). Además, una bandada de pájaros se ha puesto a volar a nuestro alrededor a la misma velocidad, y parecía que flotaban con nosotros. Ha sido increíble, no se puede explicar con palabras. Eso sí, hemos sido el detonante de la insubordinación porque todos los demás nos han imitado y han subido al mismo sitio.



Después de eso el plato fuerte es una islote eorme con un gra agujero en medio llamado “Hole in the rock” (muy original). Normalmente el movimiento del mar y la resaca no permiten que los barcos entren, pero nuestra capitana, intrépida ella –y supongo que por no haber visto delfines todavía- ha enhebrado la nave por dentro y nos ha dejado un momento imborrable… ¡que impresión! Hemos grabado un vídeo y todo. Después de la impresionante vista del islote hemos puesto rumbo a nuestro destino. Aunque todavía teníamos la esperanza de ver a nuestros amigos delfines y bañarnos con ellos –que en eso consistía la cosa, vamos- no han aparecido, así que nos hemos quedado con un sabor agridulce. Aún así, ha sido un viaje increíble –aunque a la vuelta me quedaba dormido incluso de pie, el maldito Jet Lag de mierda-. Nos han dado un ticket para usarlo otro día en cualquier otra excursión… pero me temo que por aquí no volvemos ya en el viaje… así que… Pero en fin, pensamos que aún con todo ha merecido la pena. En la isla sur hay otra zona de avistamiento de ballenas y delfines, así que es probable que lo volvamos a intentar.

Aquí en Nueva Zelanda en esta época del año se hace de noche a las 18.30 de la tarde, y cuando hemos terminado eran las cinco, así que teníamos poco tiempo para hacer otra cosa antes de aparcar por hoy. Afortunadamente a pocos kilómetros en la guía aparece que hay unas cataratas bastante chulas con un trekking corto de 5 kilómetros. Se llama Haruru Falls. Hemos llegado rapidísimo y nos hemos puesto a andar. Ya el cielo se estaba empezando a poner celeste y tras un ratillo hemos visto una señal que ponía “Ya llevas 1 kilómetro, estás a 4 de las cascadas”. Lejísimos, y se nos hace de noche. Así que con el bajón de no poder verlas nos hemos dado la vuelta y hemos decidido buscar un camping.

Peeeero, la suerte nos han sonreído por partida doble. Conduciendo un poco hemos visto un cartel que ponía “Haruru Falls, 200m”. Ni cortos ni perezosos hemos ido y aparcado… ¡justo enfrente de las cascadas! Resulta que se podía acceder a ellas haciendo trekking, o por el otro lado de la montaña, en plan dominguero y aparcar al lado. Total, que las hemos pillado con luz de puro milagro y hemos hecho unas cuantas fotos. Espectaculares, muy bonitas, y muy ruidosas (no en vano, Harurur Falls significa en Maorí “big noise”, es decir, “gran ruido”). En la guía pone que la leyenda local dice que hay un monstruo viviendo en las aguas del lago donde van a parar las cascadas, pero a parte de dos Japoneses en un barco a pie de la cascada, no hemos visto nada destacable.



Decía lo de la suerte por partida doble porque camino al camping hemos visto de casualidad un recodo donde pueden acampar las caravanas con punto de luz por solo 9 dólares por persona. Baratísimo! Y aquí estamos, escribiendo esto en el portátil yo (Juanjo) y Rober haciendo unos filetillos para cenar.

La Autocaravana es una pasada, es enorme, con cocina, horno, frigorífico, ducha, baño… No en vano la hemos pillado de cuatro personas para tener más espacio, y sobretodo para tener la cama hecha siempre y no tener que andar haciendo y deshaciendo la parte de las mesas todos los días, que es un rollo. La cama está encima de la cabina del conductor y es bastante grande y espaciosa. Estamos muy contentos con ella, a ver que tal se porta el resto del viaje!

Mañana nos despertaremos muy prontito, que tenemos que conducir bastante y hay muchas cosas que ver. Hasta la siguiente!!!


Dïa 3. Waiaraki Pools, Waipoua Forest, Rawene pueblo pescador, accidentillo y vuelta a Auckland

Hemos despertado pronto –extremadamente pronto- para aprovechar las horas de sol. Lo primero que hemos hecho es poner rumbo hacia unas termas naturales llamadas Waikarai Pools de agua caliente que en la guía tenían muy buena pinta.

El caso es que al llegar, el panorama no resultaba nada esperanzador. Para comenzar, nos ha atendido el padre de Jimbo de los Simpson, un gañán sucio, gordo –aunque Rober dice que estaba buenorro, no se yo…- y con un bebé al lado lleno de mocos. Total, un show. Ya que habíamos ido hasta allí pagamos los 4 dólares que valía cada uno y fuimos hacia las termnas.

Digno de ver, parecía una película de terror de los 80, todo destartalado, viejo, sucio y deprimente. Ay! Los vestuarios, dignos de la Matanza de Texas… Y las termas, poco más o menos. Si no fuera porque habíamos ido y pagado, me daba la vuelta, pero que coño, un día es un día. Decidimos meternos y que sea lo que dios quiera. Además de el olor a azufre –que como sabréis, huele así como a huevos podridos-, el agua está de templada a ardiendo –arder de que te quemas como un pollo asado, vaya-. Debo decir, que al final ha resultado ser bastante agradable. Nos hemos apañado en una de las calientes y pese a creer que la piel se nos caía a tiras, hemos pillado la posición y hemos estado un rato en remojo la mar de agradable, teniendo en cuenta que fuera hacía un frío casi invernal. Curioso y finalmente divertido. Eso sí, el olor a rancio todavía no se nos ha quitado de las manos, dos duchas después.



Después de eso hemos enfilado hacia el bosque… donde la idea era hacer una caminata no muy larga para ver estos árboles de 3000 años. Pero antes, me temo que hemos tenido nuestro primer –y espero último- accidentillo con la caravana. Al intentar meternos en una gasolinera bastante estrechita, nos hemos dado cuenta de que el grifo para surtirlo estaba al otro lado. Al intentar dar la vuelta, he calculado mal y he rozado un poco el lateral, con tan mala suerte de que ha tocado la tubería donde va a parar el agua usada del grifo y la ducha. Gracias al cielo la gasolinera tenía justo en el lugar del accidente una alcantarilla donde ha ido a parar todo el agua…

Con el mal cuerpo y el susto hemos llamado a los de las caravanas y nos han dicho que no nos preocupemos, que esa tarde, que pensábamos de hecho volver a Auckland para seguir visitando la parte sur de esta isla, nos pasáramos por las oficinas para que nos cambiaran el tubo –debe ser algo bastante común, me ha dado a entender-. Un pequeño susto y disgusto que afortunadamente casi no ha trastocado nuestros planes.



En fin, con la caravana “herida levemente” y camino a los bosques milenarios, hemos visto que a la derecha, a pocos kilómetros, había un pueblo llamado Rawene que en la guía ponía que merece la pena. Pues ni cortos ni perezosos hemos ido para allá, y corroboro el manuscrito. Un pueblo pequeño, muy pequeño, pero encantador. Menudas vistas tienen los cabrones! Además, nos hemos metido en una cafetería con medio edificio que penetra en el mar a tomarnos un café, y ha sido, sorprendentemente, uno de los cafés más ricos que hemos probado en nuestra vida, además de que el sitio era muy bonito y acogedor, las camareras muy simpáticas y las vistas una pasada.



Con el estómago caliente seguimos nuestro camino. Apenas una hora después entramos en el bosque Waipoua que ya de entrada parece ser de otro mundo. Entre helechos gigantes y selva cerrada, aparcamos y seguimos las indicaciones para hacer una caminata no demasiado complicada y muy llana. Apenas dos horas nos ha llevado la ida y la vuelta, y ha sido sencillamente ALUCINANTE. Como podéis ver en la foto (que no le hace justicia, tener en cuenta que el árbol está bastante lejos de donde estoy yo), su fama no es infundada, los árboles más grandes e impresionantes que he visto en toda mi vida… Además que el paseo para llegar a ellos es muy bonito, en un bosque espesísimo casi de película.



Cansados y con una lluvia torrencial, partimos regreso a Auckland con idea de pasarnos a dejar la caravana a que la arreglen, pero el mal tiempo (menudo viento!) hace que vayamos muy despacio y, junto con el cansancio y ese Jet Lag que no acaba de irse del todo, decidimos parar 50 kilómetros antes de lo previsto y acampar en el camping en el que pernoctamos el primer día. Hoy nos acostaremos pronto, la idea es reparar nuestra casa rodante a primera hora y visitar la ciudad de Auckland hasta después de comer, y después intentar hacer los kilómetros que podamos hacia el sur para estar más cerca al día siguiente de nuestro próximo objetivo. Hasta la siguiente entrada!

4 comentarios:

Torti dijo...

Envidia....

Javier Gonzalez dijo...

Alaaa asique ya habeis visto un Kauri!! Por cierto esperad un par de dias mas o tres para que se os pase el jet lag. Y mi hermana ya esta alli de vuelta. Jopeeee que guay. Pasaroslo bien ^^

Ana Márquez dijo...

Pero q genial todo!!!!! A ver si podéis nadar con los delfines! Es todo espectacular... todo menos las termas... ahí el padre d Jimbo tiene toda la pinta d asesinar adolescentes...

Mirian dijo...

la proxima vez llevarme en la maletaaaa!yo cuando fui a rivera maya(creo q 5 dias)no se me quito la diferencia de hora nunca,llege a mostoles tn pancha cn el horario normal de aqui^^espero q no os pase lo mismo jaja
(por cierto,q envidia dais cabrones)