domingo, septiembre 23, 2012

Día 11. Los glaciares. Franz Joseph & Fox y Mount Cook



Por Juanjo.
 
Hoy, y haciendo un resumen antes de explicarlo con más detalle, puedo decir que Rober y yo hemos hecho una de las cosas más alucinantes de toda nuestra vida. Hemos volado en helicóptero, visto dos de los glaciares más impresionantes del mundo y aterrizado encima de uno de ellos, y sobrevolado el Mount Cook, el pico más alto de toda Nueva Zelanda.

Después de un par de horas de conducción desde nuestro último destino, y sin habernos encontrado con nadie en la carretera –lo repito, dos horas SOLOS en la carretera-, hemos llegado hacia uno de los puntos culminantes de nuestro viaje y de los que más ilusión nos hacía: los glaciares.


Un glaciar, para los que todavía no lo sepan (yo no me he enterado bien hasta saber que iba a visitar uno) es un gran pedazo de hielo que se forma sobre la tierra y que se mueve lentamente montaña abajo a una velocidad media de 1,5 metros al día. Los glaciares se alimentan de la acumulación de nieve en los valles a grandes alturas donde se condensa formando un hielo azulado. Esta lengua de hielo se va deslizando hacia abajo provocando profundas fisuras y recogiendo a su paso tierra que va puliendo las laderas de las montañas formando valles en U. Los glaciares Franz Josef, de 11 km de largo, y Fox, de 13 kilómetros de largo (los que hemos visitado) son únicos al descender desde regiones de nieves perpetuas hasta zonas pobladas por bosque tropical cercanas a la costa (información sacada de nuestra guía de viaje).

El caso es que la idea era buscar una compañía que nos subiera en helicóptero para sobrevolarlos por lo alto y flipar con las vistas. Lo que no sabíamos es que era tan, tan, tan alucinante. Después de visitar tres o cuatro de estas empresas, vimos que todas parecían haber puesto los mismos precios y las mismas rutas, pero hablando con una de las vendedoras nos contó que se habían caído dos personas en ese momento, y que si lo hacíamos 20 minutos después (lo normal era esperar un par de horillas hasta el siguiente vuelo) nos hacía un descuendo de 20 dólares a cada uno. Encima era un vuelo de los largos, 30 minutos, con parada en uno de los glaciares y además sobrevolar el Monte Cook, que es el más alto de todo el país. Así que hemos dicho que si instantáneamente.

 
Hemos tardado cinco minutos en ir a la caravana, pertrecharnos –abrigos, varias capas de ropa, las botas impermeables de andar, guantes-… para luego nada, porque hacía un tiempo maravilloso y hasta bueno para ir incluso con manga corta.

No sabría como describiros las sensaciones que hemos tenido al montar en el helicóptero, la emoción que se te sube en el estómago al despegar, y sobretodo, las increíbles e indescriptibles imágenes que hemos captado al sobrevolar a gran altura esa maravilla de glaciares, con un color azul resplandeciente que parece hecho por ordenador. ¿Recordáis haber visto alguna peli donde un avión sobrevuela montañas nevadas en primera persona y alucinas? Pues lo mismo, pero esta vez de verdad. Sobrevolar estas cordilleras, mirar los valles enormes y casi infinitos nevados, las praderas a lo lejos, los ríos enormes que a esas alturas parecen hilos de seda, no tiene nombre. Las fotos y vídeos que hemos hecho son alucinantes, pero no hacen justicia a la sensación de estar allí.

 El glaciar fox, hasta su final
 
Y no solo es eso, es que además… ¡¡¡Hemos aterrizado en lo más alto del glaciar Franz Josef!!! La nieve pura y virgen que se te hunde hasta las rodillas nos ha dado la bienvenida y hemos podido respirar el aire más puro de nuestras vidas… la nieve olía a virgen, el aire era mucho más ligero que de costumbre, y la sensación de estar ahí perdido en medio de la montaña no tiene parangón. De nuevo, nos hemos hecho unas fotazas y disfrutado del paisaje durante un ratillo –la pareja que ha venido con nosotros, unos Australianos, eran la mar de majos y estaban igual de flipados que nosotros-.

El inicio del glaciar en lo más alto de la montaña

Luego ha venido lo mejor, que ha sido volar alrededor del Mount Cook, como os he contado antes… No éramos conscientes de lo alto que estábamos hasta que, ya en descenso hacia nuestro destino, el piloto nos ha hecho mirar la que por lo visto es la pista de nieve más alta del país… y la casa parecía tan, tan, tan pequeña que hasta que no la hemos visto no hemos hecho cálculos de la altura. Lo que más ha molado ha sido el descenso sin duda, porque ha metido gas, hemos ido rapidísimo, bastante a ras de suelo y haciendo unos giros que casi nos quedábamos de lado. El piloto hasta nos ha preguntado si estábamos bien por la velocidad y esos giros tan espectaculares… ¡Ha sido una pasada!.


En fin, que como podréis imaginar dadas mis palabras (también como si fueran de Roberto) estamos flipados con la experiencia y, aunque un pelín cara (500 y pico dólares por los dos) ha sido sin duda dinero bien invertido. Si venís aquí, IMPRESCINDIBLE.

El Mount Cook, le hemos pasado cerquita!

Después de esto no nos quedaban energías para nada, así que hemos vuelto al camping –el más bonito de los que hemos visitado hasta ahora-, nos hemos metido en la piscina caliente –como la del otro día.-, hemos dado un paseo por la ciudad, cenado una hamburguesaza (gigantesca!) en un restaurante muy chulo y a la casa-rodante a descansar. Ha sido un día maravilloso.

1 comentario:

Ana Márquez dijo...

Buah!!! Q puta pasada todo!!! Awesome!